Aprender a desaprender: por qué la experiencia también puede limitar el crecimiento de tu negocio

La experiencia es uno de los activos más valiosos que podemos construir como profesionales y emprendedores.

Nos permite reconocer patrones, anticipar problemas, tomar mejores decisiones y evitar errores que probablemente ya cometimos alguna vez.

Pero existe una paradoja de la que hablamos poco:

La misma experiencia que nos ayuda a avanzar también puede convertirse en una barrera para cambiar.

Después de más de 15 años trabajando en marketing, he comprobado el enorme valor que tiene la experiencia. Pero también he aprendido que acumular años haciendo algo no significa necesariamente que debamos seguir haciéndolo de la misma manera.

Y en un momento como el actual, en el que la inteligencia artificial, la automatización, las nuevas formas de consumir información y los cambios tecnológicos están transformando los negocios a gran velocidad, esta reflexión cobra todavía más importancia.

Quizás una de las habilidades más importantes para los próximos años no sea solamente aprender.

Será también aprender a desaprender.

¿Qué significa desaprender?

Desaprender no significa olvidar nuestra experiencia ni considerar que todo lo que hicimos anteriormente estaba equivocado.

Significa algo mucho más sencillo:

estar dispuestos a cuestionar aquello que damos por sentado.

Todos desarrollamos formas de trabajar que con el tiempo se vuelven automáticas.

Utilizamos determinadas herramientas porque son las que conocemos.

Seguimos ciertos procesos porque siempre han funcionado.

Tomamos decisiones basándonos en experiencias anteriores.

Y muchas veces repetimos una estrategia simplemente porque en algún momento nos dio buenos resultados.

El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos si esa sigue siendo la mejor manera de hacerlo.

Hay una frase que puede resultar especialmente peligrosa dentro de cualquier empresa:

“Siempre lo hemos hecho así.”

No porque todo lo anterior esté mal, sino porque esa frase puede cerrar la puerta a descubrir una forma mejor.

La experiencia también crea puntos ciegos

Cuanto más conocemos un sector, más fácil resulta reconocer determinados patrones.

Eso es una enorme ventaja.

Pero también puede provocar que observemos los nuevos problemas utilizando únicamente soluciones antiguas.

Pensemos, por ejemplo, en el marketing.

Durante años hemos aprendido cómo las personas buscan información, cómo llegan a una página web, cómo consumen contenido o cómo toman determinadas decisiones de compra.

Hoy muchos de esos comportamientos están cambiando.

Una persona puede descubrir una empresa a través de Instagram, investigar sus servicios en Google, pedir una recomendación a una herramienta de inteligencia artificial y ponerse en contacto directamente por WhatsApp.

El cliente sigue teniendo una necesidad.

Lo que cambia es el camino que utiliza para encontrar la respuesta.

Si seguimos mirando ese nuevo comportamiento exclusivamente desde nuestra experiencia pasada, podemos perder oportunidades que están apareciendo delante de nosotros.

La inteligencia artificial es un buen ejemplo

Probablemente pocas tecnologías hayan provocado tantas conversaciones empresariales en tan poco tiempo como la inteligencia artificial.

Pero creo que uno de los errores que podemos cometer es verla únicamente como una nueva herramienta.

La transformación es mucho más profunda.

La IA nos está obligando a preguntarnos nuevamente cómo buscamos información, cómo creamos contenido, cómo atendemos a nuestros clientes, cómo automatizamos tareas y hasta qué actividades realmente necesitan intervención humana.

Y aquí aparece nuevamente el peso de la experiencia.

Podemos reaccionar pensando:

“Mi manera de trabajar funciona y siempre ha funcionado.”

O podemos preguntarnos:

“¿Existe ahora una manera mejor de hacer esto?”

Son dos formas completamente diferentes de enfrentarse al cambio.

La segunda no elimina nuestra experiencia.

La utiliza como punto de partida.

No se trata de perseguir cada tendencia

Desaprender tampoco significa cambiar constantemente.

Un negocio que intenta adoptar cada nueva herramienta, plataforma o tendencia puede terminar perdiendo exactamente aquello que intentaba encontrar: dirección.

Innovar no significa correr detrás de todo lo nuevo.

Significa tener la capacidad de evaluar lo nuevo sin quedar atrapados en lo conocido.

Por eso, antes de cambiar un proceso simplemente porque apareció una nueva tecnología, vale la pena preguntarnos:

¿Qué problema estamos intentando resolver?

Si una nueva herramienta nos ayuda a resolverlo mejor, más rápido o de una manera que genera una mejor experiencia para nuestros clientes, probablemente merece nuestra atención.

Si no lo hace, quizás no necesitemos incorporarla.

La tecnología debería estar al servicio de la estrategia, y no al revés.

Tres preguntas para revisar tu negocio

Hay un ejercicio sencillo que podemos hacer periódicamente.

Escoge un proceso de tu negocio que lleves mucho tiempo realizando de la misma manera y pregúntate:

1. ¿Por qué lo hacemos así?

Intenta encontrar una respuesta diferente a “porque siempre lo hemos hecho así”.

2. Si empezáramos hoy desde cero, ¿lo haríamos exactamente de la misma manera?

Esta pregunta ayuda a separar la experiencia de la costumbre.

3. ¿Existe actualmente una herramienta, tecnología o forma de trabajar que pueda hacerlo mejor?

No significa que tengas que cambiarlo.

Significa que estás dispuesto a cuestionarlo.

Y esa disposición puede marcar una diferencia enorme.

La experiencia debería darte criterio, no certezas

Con los años he aprendido que la experiencia no consiste en tener todas las respuestas.

Quizás sea exactamente lo contrario.

La verdadera experiencia debería ayudarnos a hacer mejores preguntas.

A reconocer cuándo algo funciona.

Pero también a detectar cuándo debemos cambiar.

A saber qué merece conservarse y qué necesitamos dejar atrás.

Y, sobre todo, a aceptar que siempre habrá algo nuevo que aprender.

Porque el conocimiento que nos permitió llegar hasta donde estamos hoy puede seguir siendo tremendamente valioso.

Pero no debería convertirse en una jaula.

¿Qué necesitas desaprender?

Tal vez no necesites transformar completamente tu negocio.

Quizás solo necesites mirar de manera diferente algo que llevas años haciendo igual.

Un proceso.

Una estrategia.

Una herramienta.

La forma en que te comunicas con tus clientes.

O incluso alguna creencia sobre cómo “debería” funcionar tu empresa.

Por eso quiero terminar con la misma pregunta que me estoy haciendo cada vez con más frecuencia:

¿Lo sigo haciendo así porque sigue siendo la mejor manera o simplemente porque es la manera que conozco?

En Momentum Solution Business creemos que avanzar no siempre significa añadir más cosas.

A veces significa cuestionar, simplificar, aprender y también desaprender.

Puede requerir una nueva manera de mirar lo que ya conocemos.

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